El buen consejo de la diversidad

Íñigo Ovalle
diversidad

La inclusión de consejeros en los puestos de alta dirección de diferentes razas, formación, nacionalidad y, sobre todo, género aumenta la competitividad de las empresas.

El planeta gira a una velocidad de vértigo sobre su eje. Los cambios se suceden. La globalización envía nuevos mensajes continuamente. Las sociedades cada vez son más complejas, ricas, variadas. Y la actividad empresarial debe adecuarse a un tiempo, a un mundo y a una forma de entender los negocios cuyo dogma es la inclusión, no la exclusión.

En el advenimiento de este tiempo nuevo, la diversidad se impone con la insistencia de una categoría kantiana. Esas visiones distintas miran también a los consejos de Administración de las empresas. La diversidad en género, raza, edad, formación o nacionalidad no solo es un compromiso con la sociedad a la que se sirve sino con la propia cuenta de resultados de la compañía y con sus grupos de interés. Resulta imposible ser competitivo sin diversidad. “Una empresa tiene que ser relevante en la vida de sus consumidores y para conseguirlo debe estar muy pendiente de los cambios sociales y evolucionar con ellos”, reflexiona Valeria Domínguez, directora de eCommerce & Omni-channel de Adolfo Dominguez. “Si no lo haces” –advierte la experta– “te arriesgas a perder conexión con tu cliente o a no saber dar el salto generacional”. Por eso hace falta un equipo directivo que represente con fidelidad a su época en términos de raza, nivel socioeconómico y género. Porque “cuanto más diversos sean los puntos de vista, mayor debate y frescura habrá en la toma de decisiones”, observa Domínguez.

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