“La competencia es muy saludable, pero debe darse en igualdad de condiciones”

Mariano Guindal
José María Álvarez-Pallete

Entrevista a José María Álvarez-Pallete, consejero delegado de Telefónica.

La carrera de José María Álvarez-Pallete está cuajada de éxitos sucesivos. Con un origen profesional puramente financiero, su inquietud y capacidad para afrontar situaciones complejas en un mundo en profunda transformación han impulsado su crecimiento y liderazgo. En 2002 es nombrado presidente ejecutivo de Telefónica Internacional, en 2006 pasa a formar parte del Consejo de Administración, en 2009 se convierte en presidente de Telefónica Latinoamérica y en 2011 en presidente de Telefónica Europa. Un año después, es nombrado consejero delegado del grupo. José María Álvarez-Pallete se siente parte activa de la sociedad de la información y no esquiva ocasión para recordar que la revolución digital ha llegado para transformar nuestras vidas. Cree en el talento, en la pasión y en la innovación, y en su discurso es habitual escuchar un mensaje claro: la crisis ha sido un punto de inflexión en el rápido cambio de los mercados hacia una economía tecnológica y global.

En los últimos años el sector de las telcomunicaciones ha cambiado enormemente, y este ha sido posiblemente el periodo más dinámico e importante del sector en su historia. Telefónica se ha transformado y preparado para dichos cambios. De lo que es el sector ahora, ¿qué no se hubiera esperado hace diez años? ¿Qué espera en los próximos diez?

Los cambios son radicales, no solo en el sector sino en todos los ámbitos. Estamos viviendo una auténtica revolución: la Revolución Digital. Nunca antes se había producido una acumulación equivalente de tecnología. Por eso esta es ya la revolución de mayor impacto que ha vivido la humanidad.

Casi 3.000 millones de personas se conectan a Internet, un 40 por ciento de la población mundial. Con 770 millones de hogares con banda ancha fija y 2.400 millones de accesos de banda ancha móvil, éste es ya un mundo conectado. Hay en el planeta más gente conectada que con acceso a agua caliente y electricidad. El tráfico de datos creció un 23.700 por ciento de 2005 a 2010. Eso fue antes de la era del smartphone y hoy, cuando la gente no puede estar a más de un metro del suyo, un cuarto del uso de internet es ya móvil. Y todo sigue creciendo.

Los ciclos tecnológicos se acortan. Más del 60 por ciento de la población tiene cobertura 3G y se estima que la cobertura LTE superará el 65 por ciento en 2019. Un smartphone hoy tiene más capacidad de procesamiento que la NASA cuando puso al hombre en la Luna. La demanda de tecnología nunca ha sido tan grande. Si durante el primer fin de semana del lanzamiento del primer iPhone se vendieron 800.000 unidades, el iPhone 6 ha alcanzado los 10 millones en el mismo periodo en 2014.

Un smartphone hoy tiene más capacidad de procesamiento que la NASA cuando puso al hombre en la Luna.

Pero no solo las personas se conectan. Internet de las cosas tiene un potencial enorme. En el año 2000 había 200.000 cosas conectadas. Hoy son 10.000 millones. Con un 99 por ciento de los objetos físicos aún sin conectar, se espera que en 2020 sean 50.000 millones las cosas conectadas (relojes, coches, drones, semáforos, wearables…).

Estamos apenas entreviendo los profundos cambios disruptivos que se van a dar en los modelos de negocio y modelos productivos, con big data, cloud computing, impresoras 3D que deslocalizan la producción… El incremento de la eficiencia y las nuevas oportunidades de negocio se abren en todos los sectores.

Es la digitalización de la sociedad y la economía. Toca todas las facetas de nuestras vidas, de la actividad de las empresas, de la economía… Hace diez años no hubiera podido intuir la magnitud del cambio que ya hemos vivido. Y dentro de diez años nuestros hijos, nativos digitales, se maravillarán todavía más que nosotros hoy ante un mundo futuro aún más digital y disruptivo. Queda mucho camino por delante para asombrarnos.

¿Cree que sería necesario elaborar una “constitución digital” que garantice la seguridad y privacidad de los usuarios de las nuevas tecnologías en la era internet con nuevos valores y nuevas reglas, que permita afrontar el nuevo paradigma de la economía digital?

Internet es ya más real que la vida. Todos somos ciudadanos digitales. Y sin embargo este es un territorio casi sin reglas. Más de un 60 por ciento del tráfico se genera automáticamente sin control por parte de los usuarios, y de este, la mitad es malicioso, generado por spammers (emisores de correo o mensajes no deseados), hackers y otros usurpadores de identidad. Las redes sociales animan a los usuarios a revelar enormes cantidades de datos personales. La comercialización de nuestra vida privada es el precio que pagamos por servicios gratuitos. Los datos que cedemos y el uso que se les da se han de proteger. Porque los riesgos del cibercrimen global son muy palpables, su impacto supera los 320.000 millones de euros anuales y nadie está a salvo, ni gobiernos, ni empresas, ni particulares.

Necesitamos nuevos modelos de pensamiento, valores y reglas para el mundo digital, en favor de los derechos y seguridad de los usuarios.

En los últimos años se ha hablado mucho, y Telefónica ha sido un claro exponente, de un debate entre los operadores y las OTTs sobre las diferencias en cómo son reguladas, cuotas de mercado, impuestos, etc. ¿Hacia dónde cree que evolucionará este debate?

Telefónica, con un 32 por ciento de cuota en el mercado de telefonía móvil en España, está sujeta a una estricta normativa respecto a contenidos transmitidos por sus redes o el uso de datos de sus clientes, así como en cuanto a condiciones y precios de prestación de sus servicios. Todas las telco lo están.

Dentro de diez años nuestros hijos, nativos digitales, se maravillarán todavía más que nosotros hoy ante un mundo futuro aún más digital y disruptivo.

En cambio, Google, Android, Apple, Facebook… disfrutan de un cuasi monopolio o duopolio sin las restricciones que afrontan las telco, a pesar de que, cada vez más, ofrecen servicios de voz y datos, exactamente igual que estas. La inversión y la generación de empleo son la otra cara de la moneda y la contribución de las empresas de internet palidece al lado de la de las telco.

La competencia es muy saludable, pero debe darse en igualdad de condiciones. O se regula a todos o no se regula a nadie. Las reglas del juego deben ser iguales para todos para garantizar que los derechos de los consumidores se preservan y que el sector y las economías crecen de manera sostenible.

¿No cree que Europa invierte tanto o más que los Estados Unidos en infraestructuras tecnológicas, pero el resultado es menos eficiente por problemas de fragmentación? ¿Deberíamos tener un único regulador a nivel Europeo, en vez del modelo actual de regulador en cada país?

La fragmentación en Europa es un hecho, con 120 operadores en Europa frente a 10 en EE.UU. Sin duda estas políticas de impulso de la competencia tan diferentes han contribuido a hacer que Europa haya perdido el liderazgo que ostentaba en el sector y que el desarrollo de infraestructuras vaya por detrás.

La consolidación en el sector es necesaria y está ya sucediendo. Telefónica está tomando un papel de liderazgo en este sentido, desinvirtiendo en mercados no estratégicos (Irlanda, República Checa) para reforzar en cambio la presencia en los que son clave (E-Plus en Alemania, Digital+ en España, GVT en Brasil). Los reguladores y las administraciones deben facilitar que esto suceda de manera fluida y armónica, y permitir que los mercados se autorregulen hacia una competitividad razonable y sostenible.

Telefónica emprendió en plena crisis un camino de transformación profunda que nos ha llevado de vender minutos a comercializar gigabytes.

Un regulador único o una coordinación más clara entre los reguladores ayudarían, así como una visión más amplia que pueda devolver la racionalidad a los mercados europeos en pos de su sostenibilidad futura.

Telefónica tiene una presencia muy importante en Reino Unido y Alemania desde la compra de O2 hace ya casi diez años. En Alemania, además, se ha reforzado recientemente con la compra de e-Plus. ¿Cómo ha influido esto en la cultura de trabajo de la compañía?

Hace unos diez años, antes de la adquisición de O2, éramos una multinacional que hablaba en castellano y brasileiro. Ahora contamos con empleados de 105 nacionalidades. En nuestro Comité Ejecutivo conviven cinco nacionalidades y casi la mitad de sus miembros no son españoles. Esta creciente diversidad nos ha puesto en contacto con otros modelos de liderazgo y de gestión, aportándonos perspectiva y capacidad de adaptación.

No toda la evolución que hemos vivido en estos últimos años se debe a nuestra entrada en O2, pero O2 ha sido sin duda un factor importante en la transformación de la compañía y nuestra cultura corporativa.

Por otro lado, desde un punto de vista de competencia e innovación Reino Unido y Alemania son mercados interesantísimos. Es mucho lo que aprendemos allí y podemos trasladar a otras operaciones. En esto radica parte del beneficio de ser una empresa verdaderamente global.

Los últimos resultados presentan una mejora generalizada en los principales indicadores de Telefónica, ¿significa esto un cambio claro en la tendencia tras la dura crisis de los últimos años?

Telefónica decidió hace tres años, en plena crisis, que quería ser una telco digital, y emprendimos un camino de transformación profunda que nos ha llevado de vender minutos a comercializar gigabytes.

Hemos avanzado mucho en estos tres años, pero seguimos adelante. Tenemos el foco puesto en incrementar la generación de ingresos mediante la monetización del tráfico de datos y de los servicios digitales, que crecen a doble dígito. Somos una compañía cada vez más tecnológica, impulsando la modernización de nuestras redes y de nuestros sistemas. Ganamos en eficiencia gracias a la simplificación y a un mayor apalancamiento de nuestra escala. Y reforzamos nuestro liderazgo en el ecosistema digital, impulsando un nuevo posicionamiento público que contribuya a restablecer el equilibrio en el sector. Afianzando estos cimientos, estamos recuperando la senda del crecimiento sostenible.

En 2011 se lanzó Wayra, una red de academias y aceleradoras para fomentar las nuevas empresas tecnológicas en el mundo. ¿Cuáles son sus planes para Wayra en los próximos años?

El balance de Wayra es muy satisfactorio. Hasta hoy hemos invertido en más de 430 empresas, con un ratio de supervivencia de las mismas en torno al 80 por ciento y una inversión de terceros de más de 57 millones de euros.

Necesitamos nuevos modelos de pensamiento, valores y reglas para el mundo digital.

El proyecto ahora cuenta con un respaldo todavía mayor, como parte de una iniciativa más amplia como es Open Future. Se trata de un programa global que integra todas las iniciativas que conforman el ecosistema del emprendimiento de base innovadora. Es un espacio en el que se encuentran personas con ideas y empresas con proyectos. Nuestro compromiso con Wayra y Open Future se refuerza como lo hace el que tenemos con la innovación y el emprendimiento.

Los ejecutivos que trabajan con usted siempre han destacado su capacidad para reconocer el talento y rodearse de los mejores profesionales. ¿Aparte de la capacidad profesional, qué es lo que más valora de sus colaboradores directos?

Admiro a la gente con valores. Con determinación, fe, inventiva, fortaleza, empuje, valor, coraje, generosidad, espíritu de lucha y de equipo, optimismo, liderazgo… Y por encima de todo con ilusión.

La ilusión al afrontar los retos marca la diferencia entre llegar o quedarse en el camino. Porque incluso hoy que las oportunidades son más que nunca han sido, la competencia también es mayor. Hay que trabajar duro para llegar a la meta y solo se consigue con mucha ilusión.

Con estas premisas he conseguido rodearme siempre de grandes profesionales, mejores que yo. Y al colocarme fuera de mi zona de confort me he visto obligado permanentemente a mejorar y aprender para estar a la altura. Algo crucial en estos tiempos de profunda transformación.

La vida de un ejecutivo de tan alto nivel es de una exigencia máxima ¿Cuál es la forma de compaginar la agenda de su cargo con la vida familiar?

Para mí la cuestión sería si es posible darlo todo sin contar con la familia como refugio y fuente de energía. Darle importancia y prioridad no es optativo. Ni es un lujo. Es una necesidad. No puedo concebir mi carrera, ni mi vida, sin mi familia en el centro.

Todos necesitamos un lugar que nos de paz, tranquilidad y la sensación de que tenemos un proyecto de vida. Yo he tenido la fortuna de poder crearlo junto a mi esposa. En los últimos 25 años, en que he pasado más de 1.500 noches en un avión y muchas más en hoteles, ella ha sido mi certeza y mi referente. Como también los son mis tres extraordinarios hijos, mis padres, mis hermanos… Soy afortunado por tener la familia que tengo.

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