¿Por qué es tan importante el crecimiento de las empresas españolas?

Arancha Pérez
Sprout in the forest.

Imagine una pequeña fábrica de anchoas en una pequeña localidad española. Imagine a su propietario Juan. Con poco más de treinta años, Juan se ha puesto al frente del negocio familiar que José, su padre, montó hace más de veinticinco.

Durante el tiempo en el que José administró el negocio se produjo cierto crecimiento. Mantener a flote y hacer crecer esta pequeña fábrica no resultó ser una tarea sencilla. Son muy pocos los inversores interesados en financiar un negocio local y la resistencia a los vaivenes económicos es mucho menor en compañías de este tipo.

Como Juan, una gran proporción de los empresarios españoles lideran compañías de pequeño tamaño con dificultades significativas para la inversión en innovación, nuevas tecnologías o formación, entre otras.

Del mismo modo, a Juan le gustaría ampliar su plantilla y hacerlo con los mejores profesionales pero, como es evidente, los trabajadores mejor preparados de este campo buscan trabajar para compañías más grandes y de mayor proyección.

A diferencia de su padre, Juan sí que ha tenido la oportunidad de formarse y conoce de primera mano la importancia de crecer e internacionalizar la compañía. Sin embargo, la internacionalización que su padre no llegó a abordar, en su caso es especialmente complicada por no contar aún con la dimensión adecuada.

El problema de esta compañía ficticia es compartido por un significativo porcentaje de empresas en España. Y es que el peso de la microempresa en nuestro país es aún muy elevado. Según los datos del Informe sobre el crecimiento empresarial del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad, las microempresas españolas aportan un 26% al valor añadido de la economía frente al 16% de Alemania, por ejemplo. Según el informe, si la estructura económica de España en términos del tamaño de las compañías fuera equivalente a la media de la UE, el PIB podría aumentar alrededor de un 3,5%. Es más, si la distribución de las empresas por tamaño en nuestro país fuese similar a la de la economía británica, el PIB podría ser hasta un 7,5% superior.

Ante esto, el documento contempla tres tipos de actuaciones para favorecer el crecimiento empresarial actuando sobre el marco institucional: la revisión de las regulaciones vinculadas al tamaño de las compañías, la mejora del clima de negocios y el refuerzo de la unidad de mercado.

Las barreras asociadas al tamaño

Igual que la fábrica de Juan, la mayor parte de las empresas españolas arrastra las limitaciones intrínsecas a su reducida dimensión. El tamaño influye también sobre el acceso a financiación, la apuesta por estructuras de buen gobierno corporativo o la cualificación de los equipos gestores. En este sentido, como subrayan desde CEPYME, existe una evidente necesidad de educación o formación financiera para los empresarios de las pymes, especialmente cuando afrontan decisiones de financiación para su crecimiento o para la expansión a mercados externos.

La internacionalización precisamente es uno de los factores con mayor exposición al tamaño de la empresa. De hecho, se observa que a medida que el tamaño de la pyme aumenta, venden un mayor porcentaje en mercados internacionales. Según la Fundación para el Análisis Estratégico y Desarrollo de la pyme, el porcentaje de ventas internacionales en 2015 representó un 16% en el caso de las microempresas mientras que en las de tamaño medio esta cifra aumenta hasta el 40%.

Del mismo modo, para pequeñas empresas, la inversión en desarrollo, especialmente en I+D+i y en economías de escala destaca entre los principales obstáculos asociados al tamaño. No obstante, la pequeña empresa española es consciente de dicha necesidad: la inversión en herramientas tecnológicas e I+D+i aparecen entre las tres principales áreas de inversión para el próximo año en el informe de KPMG Perspectivas de la pequeña empresa española, en el que la transformación digital es señalada como tercera prioridad estratégica para este tipo de compañías.

Si no fuera por el factor limitador del tamaño, a Juan le hubiese gustado aumentar el nivel de penetración digital de su fábrica. Al igual que en el negocio de Juan, existe aún un gran margen de mejora en cuanto a la adquisición de software, herramientas cloud computing, políticas de ciberseguridad, comercio electrónico así como en la formación ofrecida a los empleados en materia TIC, según los datos del Observatorio Nacional de las Telecomunicaciones y Sociedad de la Información (ONTSI).

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La empresa familiar, líder del cambio

La buena noticia, en este sentido, es que la empresa familiar española, representante de casi el 90% del tejido empresarial español y del 67% del empleo privado, es cada vez más consciente de las necesidades de transformación. Así lo han manifestado los empresarios familiares encuestados en la última edición del VI Barómetro de la Empresa Familiar al mostrar una mayor preocupación por la atracción de talento (más incluso que por la salida a nuevos mercados) y la formación al personal de la empresa. Del mismo modo, este año un 82% afirma no haber tenido problemas de acceso a la financiación.

“Tras la incertidumbre, las agendas de la empresa familiar están más enfocadas en cuestiones como la innovación de los modelos de negocio y asuntos relacionados con su crecimiento. Esto debe hacernos sentir optimistas. Seguramente, los empresarios familiares son el canario en la mina de la economía española”, sostiene al respecto Ramón Pueyo, socio responsable de Empresa Familiar de KPMG en España.

La sucesión, principal obstáculo al crecimiento

El 70% de las empresas familiares españolas desaparecen en el paso de la primera a la segunda generación, cifra que aumenta hasta el 80% al pasar a la tercera generación.

En este sentido, es cierto que la mayoría de las empresas familiares afirma contar con algún tipo de mecanismo o protocolo familiar que garantice el traspaso. Sin embargo, “lo ideal es que las empresas familiares revisen periódicamente dicho protocolo, dado que los cambios sociales y tecnológicos, además de generacionales, pueden tener un gran impacto en él”, indica Pueyo.

El problema principal es que en muchos casos no existen estrategias empresariales consolidadas para el largo plazo. Conscientes de ello, los participantes de la última edición del Barómetro, señalan como prioridad principal la obtención de buenas estructuras de gobierno y procesos.

La empresa familiar cuenta con unos valores tradicionales intrínsecos que en la mayoría de los casos las hacen únicas: esfuerzo, dedicación, espíritu emprendedor, trabajo duro o compromiso. Sin embargo, estos mismos valores hacen más dura su adaptación al cambio. Se muestran más reticentes a la hora de tomar riesgos y probar nuevos modelos de negocio. Así lo confirman más de la mitad de los participantes (55%) del Barómetro que señalan su actividad principal como primer destino de inversión.

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