Sostenibles y rentables, los bonos verdes despegan

Marta Fernández Mur
Bonos verdes 2 EFE

En 2013 se emitieron este tipo de instrumentos por valor de 11.000 millones de dólares.

Los emisores lo tienen claro, pero los inversores también: los bonos verdes ayudan a alcanzar objetivos sostenibles y, además, rentan. En 2013 se emitieron este tipo de instrumentos por valor de 11.000 millones de dólares, una cifra que triplicaba la registrada en cualquier año previo pero que fue superada con creces en 2014: el pasado año el valor de las emisiones de bonos verdes alcanzó los 36.600 millones de dólares según Climate Bonds Initiative (CBI). Y el objetivo de esta organización, creada para impulsar este mercado y promover la inversión en proyectos que frenen el cambio climático, es que, durante este 2015, se alcancen los 100.000 millones.

Pero, ¿cuál es la diferencia entre un bono al uso y un bono verde? José Luis Blasco, socio responsable de Cambio Climático y Sostenibilidad en Europa, Oriente Medio y África de KPMG, explica que “un bono verde, como cualquier otro bono, es un instrumento financiero de renta fija cuyo objetivo es levantar capital en mercados de deuda. La diferencia es que, en el caso de un bono verde, la compañía emisora destinará esos fondos a financiar proyectos, activos o líneas de negocio ‘verdes’, en el sentido de que tengan un beneficio medioambiental, como energías renovables o transportes con bajas emisiones de carbono, o social”.

Organizaciones supranacionales como el Banco Europeo de Inversiones o el Banco Mundial han sido, históricamente, los emisores de bonos verdes más activos desde que comenzara a activarse el mercado en 2011; y así continúa siendo: en 2014, el 44% de los bonos verdes lanzados al mercado fueron emitidos por bancos de desarrollo, según datos de CBI. No obstante, en los últimos años, otros perfiles se han sumado con fuerza a la lista de emisores.

Los organismos municipales y provinciales ya alcanzan el 13% del mercado. La región francesa de Ile de France fue la más activa en este segmento en 2014, con un volumen de emisiones que superó los 800 millones de dólares. El capital ha sido destinado a proyectos como la extensión de una línea de tranvía, a carriles bici o a hacer más eficientes energéticamente residencias sociales y de ancianos.

Pero es verdaderamente el segmento corporativo el que está comenzando a hacer sombra al de los organismos multilaterales, con un 33% del total de emisiones en 2014. La compañía energética francesa GDF Suez lideró el ranking empresarial en 2014, según CBI, aunque las compañías españolas no se quedan atrás. Iberdrola aparece en la segunda posición, con más de 1.000 millones de dólares emitidos, y Abengoa Greenfield en el quinto con más de 500 millones de dólares. Los sectores para los que Climate Bonds Initiative espera un mayor crecimiento de las emisiones son la energía, la banca y la automoción.

Según Ramón Pueyo, director del área de Governance, Risk and Compliance de KPMG en España, la primera de las ventajas de emitir bonos verdes es que “permiten acceder a un abanico más amplio de inversores, ya que pueden interesar a aquellos más focalizados en cuestiones como el medio ambiente, el ámbito social o el gobierno corporativo.” A modo de ejemplo, el Estado de Massachusetts realizó en 2013 emisiones tanto de bonos corrientes como de bonos verdes. El precio de las emisiones fue el mismo, pero en la de bonos verdes la demanda superó a la oferta en un 30%, mientras que en la de bonos convencionales no la llegó a cubrir. Por otro lado, están las cuestiones relacionadas con la imagen. “Emitir un bono verde es una forma inteligente de poner a trabajar hoy la cuenta de resultados, la visión a largo plazo de una compañía”, añade.

Pero los expertos también alertan de que, para emitir bonos verdes, hay que tener en cuenta ciertas cuestiones que pueden generar riesgos. Entre ellas, la falta de una definición clara de lo que se consideran “proyectos verdes” o de estándares sobre cómo debe hacerse un seguimiento del capital captado en las emisiones. “A pesar de que estas carencias serán, probablemente, solventadas en los próximos años, las empresas deben ser especialmente rigurosas en sus emisiones de bonos verdes. Su atractivo reside en su credibilidad”, confirma José Luis Blasco.

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