“Un grupo fuerte y unido te hace mucho más grande”

Marta Fernández Mur
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Daniel Rodríguez, jugador de baloncesto en silla de ruedas.

¿Cómo empezaste a jugar al baloncesto en silla de ruedas?

Empecé a jugar al baloncesto en silla de ruedas después del accidente. Anteriormente practicaba rugby en Valladolid y Zamora en equipos universitarios, pero el baloncesto vino unido a mi cambio de vida. Conocí este deporte en el hospital de parapléjicos: según ibas evolucionando, ibas pasando del ping-pong a la carabina y al tiro con carabina y después al baloncesto cuando estabas ya un poco más recuperado y activo. Todo empezó como un taller, una actividad física para recuperarme, pero tuve la suerte de que cuando salí del hospital en septiembre me hicieron una prueba para el equipo de mi ciudad (Valladolid), que estaba en División de Honor, y les gusté. En esos momentos no me podía imaginar lo que vendría después, pero a los dos años de quedarme en silla de ruedas ya estaba en la Selección Española.

¿Cómo lograste alcanzar el nivel profesional en el que te encuentras ahora?

Lo importante es que te den la oportunidad pero también saber aprovecharla. Tuve la suerte de que una persona confió en mí y me subió a la Selección. Yo fui desde el primer momento a intentar aprovecharlo al máximo. Al llegar mi primer gran torneo estaba nervioso pero las cosas salieron muy bien para lo que se esperaba de un jugador que solo llevaba dos años en silla de ruedas. A estas alturas aún sigo en la Selección.

¿Qué valores has aprendido en estos años de carrera deportiva?

En el terreno físico, para jugar al baloncesto en silla de ruedas, tus brazos y articulaciones se tienen que hacer al deporte. Tienes que aprender otras destrezas, pero es cierto que tener un hábito deportivo adquirido durante toda tu vida ayuda. También el deporte te enseña a luchar, a no frustrarte ante los obstáculos, además de hacerte competitivo. Para mí, todo lo que me llegó fue gratis: cuando no te esperas nada y ves cómo avanzas solo quieres mejorar.

Me costó un poco alcanzar el nivel: muchas agujetas, muchos callos en las manos… todo lleva un proceso de adaptación. Pero eso solo me hacía esforzarme más. Algunos compañeros y yo, en verano, aunque había acabado la temporada, continuábamos entrenando. También me ayudó mucho el hecho de que un compañero tuvo un accidente justo cinco meses antes que yo y nos apoyamos mutuamente. Entramos juntos al equipo y actualmente somos muy amigos.

Daniel Rodrigez

¿Qué has aprendido respecto al trabajo en equipo?

Cuando tienes un accidente con las características del que tuve yo tienes que volver a adaptarte a todo, tienes que resetearte, son nuevas sensaciones. Competir dentro de un equipo, como de forma personal dentro de una empresa, supone que los que son más veteranos te ayuden y te enseñen. Aprendí que si normalmente hacer deporte en tu vida diaria te hace bien, en silla de ruedas mucho más: cuanto más fuerte estés y más rampas y bordillos puedas subir solo, más independiente serás.

El baloncesto en silla de ruedas tiene, además, unas características propias que hacen aún más importante el trabajo en equipo. Puede jugar cualquier persona que no pueda jugar al baloncesto normal, pero, dependiendo de la lesión de cada jugador, tenemos una clasificación médica según el grado de discapacidad que va del 1 al 4,5. Como máximo, en la pista, los cinco jugadores pueden sumar 14,5 puntos y en selecciones 14. Siempre solemos jugar en parejas o tríos para facilitar las rotaciones. Así, además de ser un trabajo en equipo de cinco o doce jugadores se convierte en un trabajo aún más estrecho con la persona con la que sueles jugar, pues dependes de ella en muchos aspectos: sus errores y aciertos te influyen, porque, según estos, el entrenador contará también contigo o no. Es importante tener siempre a alguien a tu lado, tanto si lo estás haciendo bien como si lo estás haciendo mal, pero sobre todo en los peores momentos; que alguien te dé una palmada en la espalda y te diga “confiamos en ti”.

¿Existe rivalidad en el baloncesto en silla de ruedas?

Todos nos queremos ganar el puesto, pero hay una rivalidad sana. En Fundosa somos gente con experiencia y entrenamos y jugamos duro. Con los otros equipos, personalmente, no he tenido ningún problema. Puedes llevarte algún golpe porque es un deporte muy duro, de mucho contacto. No solo impactas contra otro jugador, sino también contra un objeto, una silla de ruedas, y te puedes hacer bastante daño. Incluso podemos llegar a tirarnos al suelo. Pero, cuando acaba el partido, todos somos compañeros. Esa filosofía me recuerda a la del rugby en el que se dice que hay un tercer tiempo: cuando acaba el partido vas al bar y comentas las jugadas. Es absurdo seguir con una disputa que ha tenido lugar dentro de la cancha. Con la Selección pasamos muchos días concentrados, son muchos días fuera de casa. Un grupo fuerte y unido te hace mucho más grande.

¿Cómo es el ambiente en la Selección? 

En la selección no tenemos estrellas, sí jugadores de alto nivel en todas las posiciones. Nuestro fuerte, y quedó patente en las Olimpiadas, es el equipo. Venían compañeros de Italia, de Australia o de Inglaterra y nos decían que el problema de España era que no sabían a quién dejar solo. El vestuario se une porque todos tenemos un rol y esto es el alma de la Selección. Incluso hay jugadores que juegan menos pero que son más importantes dentro del vestuario.

¿Qué rol consideras que ha de tener el entrenador dentro de un equipo?

El papel del entrenador también es esencial: tiene que mantener a todo el mundo ‘enchufado’, pero también saber cuándo hay que dar al equipo un descanso. En equipos con mucha experiencia como el Fundosa es más un administrador de emociones y la persona que decide la táctica que se va a seguir.  Tiene que asegurarse de que todo el mundo esté en forma y de que nadie esté bajo de moral.

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